Discurso de Alirio Uribe Muñoz en la entrega del Premio Martin Ennals para Defensores de los Derechos HumanosHoy cuando a unos centenares de kilómetros de aquí, se sigue perpetrando un crímen de agresión contra el pueblo iraquí, en una guerra tan injusta como ilegal, mientras en el Oriente Medio se sigue cometiendo todo tipo de crímenes, en nombre de la lucha contra el terrorismo. En Colombia bajo el mismo pretexto se destruyen los pocos vestigios de estado de derecho, se recortan las libertades públicas, se profundiza la guerra, con el auspicio e intervención creciente de los EEUU.En Colombia durante los cuatro años del Gobierno anterior, a pesar de los dialogós con las guerrillas de las FARC y el ELN, se presentaron las más dramátias cifras de crímenes de lesa humanidad, violaciones de derechos humanos y crímenes de guerra, acaecidas en los últimos 40 años: en promedio se perpetró una masacre (asesinatos colectivos) por día, 20 asesinatos políticos diariamente (de estos cinco en combate), más de 1500 colombianos y colombianas fueron desaparecidas forzadamente, más de diez mil personas secuestradas, más de un millón de nuevos desplazados, más pobres, más exclusión social, más desempleo. El desencanto frente a las conversaciones de paz, sin intención alguna de superar las causas estructurales de la violencia, allanaron el camino para el acceso al poder de Alvaro Uribe Vélez. El nuevo Gobierno ha hecho un llamado a la guerra total y a persistir en la vieja y fracasada formula de resolver los problemas del país a través del autoritarismo, de la práctica del terrorismo estatal, en el marco de la declaratoria de los estados de excepción, estimatizando y persiguiendo toda forma de oposición social y política. Con su frase de mano firme y corazón grande, el nuevo presidente, recibió el mandato de ¼ de la población en capacidad de votar. La mano fuerte la sufre el pueblo y el corazón grande es para el capital nacional y extranjero. En los escasos ocho meses del nuevo gobierno se ha intensificado el conflicto, se han multiplicado los actos terroristas, se ha involucrado de mayor manera a la poblacion civil en la guerra (con redes de informantes y soldados campesinos), se ha incrementado casi en un 100 % los desplazados forzados, en comparación con el período anterior, se han asesinado mas de 50 sindicalistas, han aumentado las ejecuciones extrajudiciales, se han incrementado los impuestos para la guerra, se han aumentado las fumigaciones sobre vastas zonas del territorio nacional destruyendo plantas de coca y amapola pero también la biodiversidad, se han hecho reformas como la laboral, pensional y tributaria recortando los derechos económicos y sociales de los trabajadores y de los sectores mas pobres de la población colombiana. Por ese hoy recibo este premio, antes que como un reconocimiento personal, como un homenaje que rescata la memoria de los cientos de defensores de derechos humanos asesinados en Colombia: mujeres como Blanca Cecilia Valero, Yolanda Ceron y Maritza Palacios Quiroz, de hombres como Jesús Ramiro Zapata, de colegas abogados como Alirio de Jesús Pedraza Becerra, Eduardo Umaña Mendoza, Jesús María Valle Jaramillo, Javier Barriga Vergel, Josué Giraldo Cardona, Oscar Elías López, Rodolfo Alvarez Ruiz, Fernando Cruz, Rafael Vargas Filizola, Efrain Varela y tantos otros y otras entenares de otros y otras cuya vida fue cortada para imponernos la impunidad, el silencio y la muerte. Ellas y ellos siguen vivos en nuestra lucha irrenunciable contra la impunidad, en nuestro accionar buscando verdad, justicia y reparacion para las victimas de graves violaciones a los derechos humanos. En nombre de tantos activistas de derechos humanos sacrificados recibimos este premio, para afirmar que el terror, no nos ha doblegado, ni doblegará en nuestro esfuerzo por defender los valores más preciosos de la humanidad. Recibo este premio con esperanza, como un apoyo importante para que podamos seguir forjando resistencia civil y democrática en Colombia, como una advertencia a las autoridades colombianas para que dejen de hostigarnos, de persegurinos, de estigmatizarnos. Y pienso en mi colega Soraya Gutiérrez Arguello, quien vive jornadas de angustia porque en días pasados sufrió un atentado y luego se ha amenazado a su pequeña hija de cuatro años de edad. Pienso en mis demás colegas del Colectivo "José Alvear Restrepo", que a lo largo de 25 años se han enfrentado al miedo y lo han vencido pese a la muerte, pese a los exilios, pese a los sentimiento de impotencia que a veces nos golpea con su carga trágica. En Colombia cada vez más aprehendemos, como lo afirman las compañeras de la Organización Femenina Popular en su resistencia cotidiana, que el miedo lo podemos llevar adentro pero no nos hará inclinar nuestra cabeza ante la adversidad, por más cruda que ella sea. Recibo este premio como un reconocimiento también a los procesos de lucha silenciosa por la vida que realizan los movimientos sociales en Colombia, hombres y mujeres, indígenas, afrocolombianos, sindicalistas, líderes campesinos y populares que no se resignan a vivir en la exclusion, que no renuncian a sus utopías y procesos de organizacion para reivindicar sus derechos y libertades Luchamos para en nuestro pais la vida se imponga frente a la muerte, que la solucion politica al conflicto social y armado se reconozca como imprescindible para rehacer el país, para que la paz se construya cotidianamente con la superación de la impunidad, con las transformaciones sociales que nuestras comunidades claman para liberarse del temor y de la miseria, como clama la Declaración Universal de Derechos Humanos. Hoy mi mayor deseo es que los millones de desplazados puedan retornar en condiciones de seguridad y de dignidad, que los exiliados vuelvan a su patria a ser las flores y la inteligencia que necesita nuestro pais, que cese la barbarie, que cesen los crimenes politicos, que cese el hambre y la miseria en que viven millones de colombianos, que nuestro pueblo recobre su dignidad, que se conozca la verdad y haya justicia, que se develen los beneficiarios nacionales y trasnacionales de la violencia en Colombia, que recobremos el tejido social y la confianza. Sueño siempre con ese nuevo amanecer y no quisiera que la noche anterior nos coja en el exilio. Este premio nos ayuda a superar el escepticismo frente a los escenarios aún más catástróficos que se avecinan, no solamente para Colombia, sino para la humanidad entera. Podremos perecer en este esfuerzo, pero no perder nunca la esperanza, ustedes con este reconocimiento nos ayudan para que no perdamos la batalla de la vida. Muchas gracias; |



